Newsflash

por: Heba El-Sherif / Daily News Egypt
Fotografias: Gabriel Garay O.

Una y otra vez, a través de innumerables espacios de arte, los artistas extranjeros han compartido su punto de vista de la capital el Cairo, un tema que no sólo se ha agotado hasta la muerte en los últimos 10 años, pero también ha sido una trampa fácil de clichés .

  Ubicada en el centro de la Cultura del Sawy (Zamalek), ha conseguido romper la cadena de redundancia, mostrando una vista realmente frescos de la ciudad en "Up Close: en su espacio", una exposición debut de la artista estadounidense y residente dell Cairo Patrick Row.

 

 

Profesor de liceo

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Tomado de: Cuadernos de Toma y Lee N°2, 2004; su autor es: Herman A. Zepeda Flores.

Puede decirse con justa razón que el maestro Domeyko nace en La Serena y en el Liceo de Hombres para ser más exactos, que en ese entonces funcionaba en terrenos del templo de San Agustín más concretamente en el casa de Ejercicios que había sido de los jesuitas. Allí el sabio debió realizar grandes esfuerzos para poder efectuar sus clases, entre otras dificultades tuvo que aprender castellano en tres meses: “pero no me atrevía aplazar demasiado el comienzo del curso, para no abusar de la impaciencia de los jóvenes chilenos, que se aprestaban para la clase de mineralogía anunciada por el rector”, indica en sus Memorias. Debió también sortear otro escollo importante: la incomprensión de los habitantes de la ciudad, que estimaban que se nacía minero e ignoraban las técnicas para una mejor explotación. Como no contaba ni con planes ni programas de la asignatura se vio obligado a prepararla y comenzó a enseñar primero Física y luego Química, para terminar con técnicas de ensayos de minerales.

 

Se propuso realizar sus clases en forma experimental, partiendo de la experiencia de los alumnos. “Si yo, para darme importancia hubiese disertado doctoralmente de cosas incomprensibles, exponiendo desde un comienzo teorías, como suelen hacerlo los profesores de las ciencias elementales, sobre todo de física, mis estudiantes, con su sentido común, se habrían reído de mí más que nosotros de Groddeck”, señalaba, refiriéndose, a la vez, a un antiguo profesor de él. De allí que proyectara su labor docente mediante la experimentación. Fue tanto el atractivo de este sistema que más de una vez los alumnos se quedaron en el laboratorio mucho más allá de la jornada establecida, y que conste que las clases eran diarias y se prolongaban hasta por dos o tres horas.

 

En ese entonces los exámenes eran públicos y don Ignacio relata con orgullo cómo los jóvenes practicaban experimentos ante el asombro de las personas que los observaban.

 

La minería científica comenzaba a ser comprendida.

 

Para la realización de sus cursos, debía contar con numerosas muestras minerales, de allí la importancia que adquirían las excursiones que efectúa en el sector cordillerano, algunas de las cuales contaban con al participación de sus discípulos. Su dedicación pedagógica le llevó a escribir un texto de estudios llamado “Tratado de Ensayo” que imprimió en la imprenta que tenía el colegio pagada en su primera edición por el gobierno chileno.

 

Domeyko vivía en el colegio, más concretamente al lado del laboratorio que había hecho construir. Este, en días previos a la Navidad de 1844, sufrió un incendio. “El laboratorio de la clase de química; toda ella y las piezas de habitación fueron presa de las llamas; felizmente algunos libros, instrumentos y útiles de la clase, y varios apuntes del profesor, salvaron del incendio”, así informa el rector Ignacio Centeno en carta a Antonio Varas. (Zepeda H. A. 1998:24.)

 

Preocupado por la continuidad de la enseñanza de la minería, pues deseaba volver a Europa apenas terminado su contrato que duraba hasta 1846, consiguió que el Gobierno enviara a continuar a Francia sus tres mejores alumnos, que fueron Juan Antonio Osorio, Teodosio Cuadros y Antonio Alfonso, los cuales retornaron al país luego de terminar su preparación profesional. El maestro sacrificó parte de su renta para que ésta fuera destinada a sueldos de sus ex discípulos.

 

Se dedicó por entero a la juventud, admirando los valores de ésta, la caballerosidad y el esfuerzo que realizan los jóvenes chilenos. Formó una gran generación de mineros, capaces de determinar las leyes de las muestras, reconocer minerales, purificarlos y honestidad, cita como ejemplo sus ex alumnos, quienes le recordaban, no en vano Nicolás Naranjo bautizó una mina de plata como “Mina de Domeyko”.

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