Tomado de: Cuadernos de Toma y Lee N°2, 2004; su autor es: Herman A. Zepeda Flores.
La niñez y juventud de Ignacio Domeyko, sabio polaco que vino a Chile en 1938, no fueron de manera alguna una etapa placentera. Nació en Niedwiaska el último día de julio de 1802 (según el calendario usual en Polonia) en el seno de una familia que sentaba señorío en los alrededores de Vilna (Wilno en polaco) con terrenos también en Cracovia y en otros lugares. La muerte de su padre, cuando contaba con sólo siete años, fue sin lugar a dudas el primer gran dolor del niño, quedando su madre y sus tíos encargados de su crianza y educación.
Aprende las primeras letras en casa, donde también le nutren de valores cristianos, formando una persona profundamente religiosa. Continúa luego sus estudios en una escuela de sacerdotes paulinos, en Szezuezyor Lidizki. Creció bajo el tormento de una patria segmentada, en efecto, la historia de Polonia estaba marcada por divisiones, invasiones y sometimiento. Jóvenes y niños habían soñado en la liberación al paso de las tropas napoleónicas hacia Rusia: también lo hicieron en 1774 durante la fallida sublevación encabezada por Tadeo Kosciusko. Se cuenta que en las escuelas los niños jugaban a los soldados desfilando con fusiles de madera imitando a las tropas francesas. La creación del Ducado de Varsovia por Bonaparte les trajo una esperanza.
Todo ello se vio frustrado al ver a los soldados del Imperio volver en 1812, totalmente derrotados.
En 1815 el Congreso de Viena dará un nuevo y duro golpe a los polacos, pues entregaba gran parte del territorio a Rusia.
Volviendo a la niñez y juventud de Domeyko, se sabe que en reuniones familiares le gustaba realizar presentaciones de declamación y teatro (ver pág- 215 y 221 en Memorias).


