Con Mickiewiez, universitario y patriota
Tomado de: Cuadernos de Toma y Lee N°2, 2004; su autor es: Herman A. Zepeda Flores.
Bajo la ilusión de un estado polaco libre y unificado, ingresa a la Universidad de Vilna a estudiar en la Facultad de Física y Matemáticas, obteniendo posteriormente, el master en dichas disciplinas en 1822 (Paradouska 1992)1. Durante sus estudios se incorpora a una organización secreta llamada Sociedad de los Filómatas, la que tenía como objetivo la autoeducación, el fortalecimiento del sentimiento patriótico, la valoración de los problemas sociales y la organización de una futura lucha por la independencia. En sus reuniones todos lo miembros de la cofradía utilizaban un seudónimo, el de Domeyko era Zégota. Allí se acrecentó su amistad con el poeta Adam Mickiewiez, teniendo ambos una activa participación. Las actividades de los jóvenes fueron descubiertas por los rusos y luego de un juicio en 1824 la mayor parte de sus miembros fueron condenados al destierro. Influencias familiares impidieron que el joven Ignacio sufriera la confinación, debió eso sí trasladarse a Zapole, a casa de uno de sus tíos donde debía, según sentencia, permanecer perpetuamente bajo vigilancia. Allí se dedicó por un tiempo a la agricultura.
“Fue en el año 1830, a los veinticuatro años de edad cuando para nuestra oprimida nación se iluminó la esperanza de libertad y retorno a la vida independiente. En la noche el 24 de Noviembre, un puñado de jóvenes dio señal de combate, y ya en el Año Nuevo de 1831 tuvimos hasta 30.000 hombres armados y un gobierno nacional. Desplegó sus alas el águila blanca en las banderas rojas ante la columna de Segismundo, se estremecieron los sepulcros las cenizas de Batory, de Juan III, de los Czarniecki, los Zolkiewski y los Kosciusko”, indica en sus Memorias. Recibe una misión de contacto como antiguo filómata. A punto de ser sorprendido huye disfrazado de campesino y luego de algunas vicisitudes, en las cuales muchas veces su vida estuvo en peligro, logra incorporarse al escuadrón del General Chlaposki.
La historia es larga, la huida y lucha continúa, llega a Paris donde los exiliados son muy recibidos, aun cuando en una primer a etapa no se le permitía habitar en Paris. Vencida esta primera dificultad, en la capital francesa “encontró un simpático alojamiento en la plaza del Observatorio, en los alrededores de Paris, desde sus ventanas contemplaba un amplio horizonte más allá de los árboles de Luxemburgo. El joven sabio era sociable y se hacía agradable a todos, para cada cual tenía una frase oportuna de aliento, o que suavizaba el rencor, por esto eligieron su departamento como sitio de reunión de los desterrados” (Lastarria B 19 :33).
En la bella Lutecia, ya incorporado a la Escuela de Minas de Paris, tuvo oportunidad de estudiar lecciones de los grandes maestros de la época Elie de Beamont, Dufrenoy, Bethier, Pierce Luis Dulong quien descubrió el Clorato de Nitrógeno; Jean Pierre Hachette, Profesor de Cálculo Diferencial; José Luis Gay- Loussac, descubridor de la Ley de Dilatación de los Gases y otros. Egresado de la Escuela comienza a trabajar en la minería francesa. En esa época recibe una invitación de Carlos Lambert para hacer docencia en el Colegio de La Serena, creado en 1821, por Bernardo O’Higgins. Al parecer sólo titubeo un poco antes de aceptar.


